Si es la primera vez que escuchas esta palabra, es probable que no sepas la respuesta. Pero, aunque ya la hubieras escuchado o leído mi anterior post ENLACE AQUÍ donde te contaba como llegué a esto del Biografismo, lo lógico es que te preguntes por dónde empezar.

El Biografismo nace desde dentro, se trata de una sensación, algo interno que nos dice que es el momento exacto, porque estamos preparadas para entender muchas cosas. Quizás por lo que hemos vivido, quizás porque tenemos la edad adecuada, quizás porque ha habido un quiebre en nuestra vida o un cambio drástico que hemos tenido que dar, o incluso, porque sentimos desde hace un tiempo un vacío muy grande. Sea lo que sea lo que nos ha sucedido, de pronto sentimos que ya no somos las mismas y ahí estamos listas para conectar con nosotras.

¿Sabes cómo es esa sensación de estar en paz contigo misma, con la conciencia tranquila, la confianza necesaria para ser 100% tú, sabiendo que te conoces tanto y tan bien que te caes de maravilla y te gusta la persona en la que te has convertido, después de miles de historias que te han pasado? Pues esta, es para mí una de las mejores sensaciones que se pueden tener y que, además no es momentánea, sino que perdura en el tiempo.  Y esta sensación tiene que ver con haber conectado con tu historia y ser coherente con una misma.

Puede ser que no te sientas así, pero eso puede cambiar. ¿Cómo? Prestándote mucha atención.

Pero, Carol, ¿qué dices? ¿Cómo que me preste atención? ¿Qué quieres decir? Que ¿me mire al espejo?

No exactamente. Pero ese sería un ejercicio muy importante para hacer, porque claramente, tiene que ver contigo, con cómo te ves y lo que piensas de ti, y quizás este ejercicio es para hacerlo más adelante.

Para empezar tu Biografismo y conectar con tu historia, primero tenemos que conectar con nosotras mismas y lo vas a hacer empezando con algo tan sencillo como hacerte preguntas.

Plantearnos cosas y reflexionar sobre nuestras vidas, aunque parezca algo de sentido común, es algo que no siempre nos paramos a hacer, así que, buscar un momento para nosotras, ya es prestarnos más atención de la que a lo mejor estamos acostumbradas.

Podemos empezar con preguntas sobre nuestra forma de ser como si tuviéramos que presentarnos a otra persona, con la diferencia de que este ejercicio lo estamos haciendo para presentarnos atención a nosotras mismas.

¿Qué me gusta? ¿Qué no me gusta? ¿Qué me enoja? ¿Qué me causa alegría? ¿Qué me divierte? ¿Qué me aburre? ¿Qué me irrita? ¿Qué me relaja?

¿Estoy feliz? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? ¿Me gusta lo que hago? ¿Cambiaría mi trabajo? ¿Si no me gusta por qué sigo en él? ¿Soy coherente con lo que pienso, con lo que digo y con lo que hago?

¿En que sí? ¿En qué no? ¿Por qué?

Si notas que te cuesta que se te ocurran preguntas imagínate en una primera cita ¿Qué contarías de ti? ¿Eso que cuentas de ti es real o solo para causar una primera buena impresión? ¿Le contarías esto mismo a tu mejor amiga que te conoce del derecho y del revés? ¿Le resultaría creíble? ¿Qué cosas sabes de ti que normalmente no cuentas en una primera cita?

Insisto, al final lo que queremos es saber en qué partes de nuestra vida no estamos siendo coherentes y aunque darnos cuenta de nuestra propia falta de incoherencia nos haga sentir incómodas, piensa que esta cita la estás teniendo a solas contigo y que no tienes que juzgarte, sino observarte. En definitiva, prestarte atención, porque a veces, hacemos, decimos o pensamos cosas que no están alineadas con nuestra forma de ser, sin ser conscientes y esa incoherencia termina haciendo aguas en algún aspecto de nuestra vida.

A través de este proceso y analizando diferentes momentos de mi vida he sido consciente de mi falta de coherencia en muchos aspectos, pero esa incoherencia se producía por no prestarme a mí misma la suficiente atención, básicamente, por no priorizarme.

Pero cuando te prestas atención te das cuenta de qué cosas no te gustan y empiezas a decir: no, gracias. Detectas qué comportamientos no quieres tolerar, identificas a qué personas no quieres en tu vida, qué trabajos no aceptarías bajo ningún concepto, en qué situaciones no volverías a callarte y un largo etcétera de situaciones, y ahí empiezas a caerte muy bien, porque esta nueva versión de ti misma demuestra coherencia y la coherencia es tranquilidad, es seguridad y es paz mental.

Esto mismo podemos extrapolarlo a un análisis de las diferentes etapas de tu vida, porque tú no eres la misma persona de hace 10, 20, 30 o 40 años, igual que yo tampoco lo soy afortunadamente, porque todas vamos evolucionando, creciendo y aprendiendo.

Algunas de las preguntas que te propongo a continuación son las que pueden empezar a darte algunas pistas sobre esa evolución, pero existen otras muchas, que podrías hacerte y reflexionar sobre ellas. La clave de hacerte todas estas preguntas no es juzgarte sobre quién eres o en quién te has convertido. No se trata de ser juez sino meramente observadora y ya más adelante tendrás tiempo de clasificar cada una de las respuestas en el lugar que corresponda.

o   ¿Recuerdas quién eras de pequeña?

o   ¿Cuáles eran tus aficiones, gustos, inquietudes o sueños?

o   ¿Cumpliste algunos de ellos? ¿Cualés sí? ¿Cuáles no?

o   ¿Cambiaron radicalmente? Si tu respuesta es que sí. ¿Has reflexionado por qué?

o   ¿Qué puntos encuentras de tu forma de ser comunes y diferentes entre tu vida actual y la vida de tu infancia?

De esta manera y con algunas preguntas más, estarías cubriendo tu etapa de la infancia y podrías hacer este mismo proceso comparándote con otras etapas de tu vida: adolescencia, juventud, madurez… hasta llegar al momento actual en el que te encuentres. Esto es parte de lo que hacemos desarrollando mi Método Arte.

La clave aquí es, que seas tú comparándote contigo misma en tus diferentes versiones y no con nadie más, que es lo que, por lo general, solemos hacer. Compararnos con nosotras es un ejercicio hecho desde el cariño y el amor hacia nosotras, porque todo lo que hemos hecho en nuestra vida lo hicimos de la mejor manera que supimos.

Desde aquí te invito a que busques unos minutos en tu apretada agenda, que tomes papel y lápiz y te animes a contestar estas preguntas sabiendo que nadie más las va a poder ver.

Me gustaría que me contaras qué has descubierto haciendo este ejercicio.

Un abrazo.

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